miércoles, 11 de agosto de 2010

2. Continuar (parte I)

Durante el concierto, Ana y Elena se encontraron con su grupo habitual de amigos. Todos bailaron y saltaron disfrutando del buen ambiente que había. Ellas no hablaron en ningún momento de Tom, pero Elena no se lo podía quitar de la cabeza. Cada dos por tres miraba por encima de las cabezas de los que la rodeaban para ver si él estaba por allí. En dos ocasiones tuvo suerte y pudo verlo: en la primera estaba con sus amigos bebiendo una copa y charlando sin más, y en la segunda vio como hablaba con una chica de algo que parecía bastante gracioso. ¿Quién era esa chica? Nunca la había visto por allí. ¿Se estaba puniendo celosa? ¿Cómo era posible después de tanto tiempo? ¿Cómo era posible estar celosa si ella tenía pareja? Bueno, no era exactamente una relación formal, pero si estaba con Hugo era porque le gustaba. ¿Tendría Tom pareja en su país y no se lo había contado? Entonces, ¿qué hacia con esa chica? Finalmente dio un descanso a su cabeza y decidió disfrutar de lo que quedaba del concierto. Ya tendría tiempo de pensar en todo eso más tarde. Pero le fue imposible olvidarse de él tan fácilmente, entre otras cosas porque cuando a penas pasaron diez minutos él apareció entre la multitud con dos copas en la mano.

- Hola -dijo con su blanca sonrisa y le ofreció uno de los vasos que llevaba en la mano.
- Gracias -dijo Elena aceptándolo-. ¿Qué te parece el concierto?
- Pues no esta mal. Aunque creo que está siendo demasiado largo. ¿Qué opinas tú? -dijo levantando una ceja. Esos pequeños gestos eran los que a Elena le arrancaba una sonrisa, aun cuando ella no estaba dispuesta a hacerlo.
- Pues si, un poco. Espero que los conciertos de tu grupo sean mejores, porque estás siendo muy duro con él -dijo Elena dirigiendo su vista hacia el escenario.
- Bueno, mejor me callo. Jaja. ¿Te apetece salir fuera? Ya queda poco y luego todo el mundo quiere salir a la vez, Será agobiante.
- Vale, me parece buena idea. Espera un segundo…

Elena buscó con la mirado a su grupo de amigos, en especial a Ana. Estaban un poco retirados, pero consiguió distinguir a su amiga. No le llevó mucho tiempo lograr que ella la mirase, ya que al parecer Ana llevaba bastante tiempo con la vista encima de ellos. Estaba mirando con una sonrisa pícara. Elena le dijo adiós con la mano y se dirigió de nuevo hacia Tom. Él le sonrió (cada vez que lo hacía Elena sentía un pequeño cosquilleo en su estómago) y la cogió de la mano para dirigirse a la salida (ahora el cosquilleo era aún más fuerte, y se había extendido a todas las partes de su cuerpo).
El camino hacia la salida fue complicado: empujones, pisadas, bebidas que salían de los vasos… Pero con Tom cogido de su mano fue más llevadero.

En la puerta seguía habiendo mucha gente, por lo que él decidió guiarla hasta un lugar más tranquilo. Se detuvieron en una calle cercana, donde la gente estaba más tranquila. Se dirigieron a un banco que estaba a unos pocos pasos y cuando se sentaron, Tom soltó la mano de Elena y empezó a hablar.

- Es casi media noche. ¿Tienes algo planeado con tus amigos?
- Pensábamos ir a tomar algo a un bar. Si te apetece puedes venir.
- Es el mismo plan que tienen mis amigos, jaja. ¿Te apetecería hacer algo diferente?

Los ojos de Elena se encontraron con los de él. Esos ojos verdosos la miraban con dulzura. No pudo resistirse a esa mirada y aceptó con un leve movimiento de cabeza, dejando escapar una pequeña sonrisa de su boca. Entonces Tom se puso de pie, la cogió otra vez de la mano y comenzaron a andar por la calle. Ella le preguntó varias veces que donde irían y él siempre le contestaba lo mismo “confía en mi”. Elena desistió y no volvió a preguntar nada. Llegaron a una calle donde había varios coches y motos aparcadas. Se acercaron a una de ellas, Tom se montó y la arrancó.

- Sube -le dijo él a Elena.
- ¿Sin cascos ni nada? Ni hablar…
- Venga, pero si no vamos lejos.
- No.
- Bueno -dijo apagando el motor-. Tendremos que esperar a que llegue Mike. Todos los cascos están en su coche.
- Pues entonces esperaremos.
- Está bien. Le mandare un mensaje para que se de prisa. No merece la pena llamarlo, con el ruido que hay ahí dentro…

Mientras Tom escribía el mensaje, el móvil de Elena comenzó a sonar. Era Hugo. Se había olvidado completamente de él. Menos mal que no estaba esa noche en la ciudad. Había ido a visitar a unos amigos. ¿Debería cogerlo o no? ¿Qué iba a decirle? Se alejó un poco de Tom. Improvisaría…

- ¿Diga?
- Hola, ¿dónde estás?
- Pues… he salido ahora mismo del concierto, necesitaba tomar algo de aire. ¿Y tú?
- Yo en la casa de Antonio. Vamos a salir dentro de unos minutos y he pensado en llamarte para ver que tal todo.
- Muy bien, el concierto a estada bien. Ahora iremos a tomar algo… como siempre. Oye, te tengo que dejar. Ya hablamos mañana, ¿vale? Que te diviertas -era la forma rápida de acabar una conversación.
- Lo mismo te digo. Un beso.

Y los dos colgaron. Tom tenía el móvil en la mano y la miraba apoyado en la moto. Ella se preguntaba si debería mencionar a Hugo o no. Finalmente, decidió no hablar de él. Se acercó a Tom sonriendo. Estaba un poco nerviosa. Pero él se lo puso fácil. No hizo ninguna pregunta sobre la llamada y comenzó a hablar de forma despreocupada. Eso era una de las muchas cosas que le gustaba de él.

- Al final no vamos a poder aprovechar el tiempo, solo porque no quieres despeinarte… -dijo en su particular tono burlón.
- No es por eso. Imagina que nos pare la policía, o peor… que tengamos un accidente.
- Vale, me has convencido -dijo puniendo los ojos en blanco-. Mike me ha llamado, dice que ya vienen.
- Perfecto. Así no perderemos tanto tiempo -dijo mirando desafiante a Tom, al mismo tiempo que se apoyaba en otra moto que estaba al lado de él.
- Da gracias a que soy el mejor. No se que harías esta noche sin mi… jaja.
- ¿Perdona? Te has vuelto un creído, que lo sepas -dijo ella un poco seria, pero no pudo guardar la risa. Los dos empezaron reír como niños. Después, Elena se lanzó a preguntar algo que le había estado rondando la cabeza toda la noche-. Dime, ¿por qué no me dijiste que vendrías? Estuvimos hablando hace poco…
- No pienso contestar a ninguna pregunta sin la presencia de mi abogado -y otra vez empezaron a reír.

A partir de ese momento no hablaron de nada serio y se reían por cualquier tontería. Mike no tardó mucho en llegar, abrió su coche y le dio a Tom dos cascos: uno era el suyo, y el otro de Peter. Por lo que pudo entender (todos ellos hablaban en inglés), Peter se iría en el coche con Mike y le dejaría su moto a Tom. Varios chicos, a muchos de ellos no los había visto en el concierto, comenzaron a irse en sus motos. Elena se puso el casco que le dio Tom y se montó con él en la moto. Los dos se despidieron con la mano de los chicos que quedaban allí, y se fueron.
Tom conducía mejor ahora que cuatro años atrás. Elena recordaba como Tom la llevó en varias ocasiones a su casa, con la moto que le habían regalado sus padres por su dieciséis cumpleaños. La antigua moto no alcanzaba una velocidad muy alta, pero en la que iban ahora sí. Desde entonces habían cambiado muchas cosas, demasiadas.

3 comentarios:

  1. Tengo tantas ganas de seguir leyendo!
    Me has trasportado a tu historia!
    Eacribes muuy bien:)

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  2. Esta historia engancha muchísimo...:)
    Escribes estupendamente y formas muy bien la historia con los párrafos.
    ¡Sigue asi!
    Saludos

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  3. Gracias por vuestros comentarios!
    Creo q apartir de ahora me resultara un poco mas complicado darle forma, pero no dejare de intentar hacer lo mejor posible.
    Gradias, y un Saludo :)

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